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Introducción: Bre-B como el estudiante aplicado en la clase de Latinoamérica 

Bre-B sin duda alguna se ha convertido en un hito clave para el desarrollo del ecosistema de pagos digitales en Colombia, que evidencia las oportunidades que pueden traer los Sistemas de Pagos Inmediatos (SPI) y en especial, las Infraestructuras Públicas Digitales, al menos en una de sus capas, como lo es precisamente la de los pagos digitales. Esto es altamente relevante, considerando que, según las más recientes cifras del Global Findex, solo el 49% de los adultos colombianos ha hecho o recibido al menos un pago digital (Banco Mundial, 2025). 

Con un total aproximado de 35 millones de clientes registrados, 103 millones de llaves inscritas (3 llaves por usuario), cerca de 607 millones de transacciones realizadas (con un valor de USD 25 Bill) desde su entrada en funcionamiento en octubre de 2025, con un valor promedio por transacción de USD 43, y con más de 170 entidades participantes, Bre-B evidencia la escala de adopción que ha tenido en los últimos meses, al igual que su potencial de expansión. 

Si bien es un paso que debemos celebrar, es importante observar con precaución tanto las oportunidades como los retos a futuro que tiene la consolidación de Bre-B, ya que su diseño e implementación tomó tiempo y recursos considerables en alinear las expectativas de los principales incumbentes del sistema financiero colombiano (bancos y cooperativas, principalmente) junto con las de los nuevos entrantes y disruptores como las Fintechs, plataformas, billeteras digitales y algunos jugadores no financieros. Y en esta línea, la meta más ambiciosa es la de establecer una hoja de ruta clara en pro de seguir promoviendo la inclusión financiera y por ende, al desarrollo del país, construyendo sobre lo construido, a través del Foro de Sistemas de Pago de Colombia. 

Construir sobre lo construido: alguien tiene que pagar 

Y es que actualmente, persisten discusiones alrededor de varios temas, particularmente en el rol que tiene el Banco de la República, el banco central de Colombia, como regulador de los sistemas de pagos y de Bre-B como SPI, en el que además es su administrador, aglutinando a SPI ya existentes que funcionaban de manera privada como Transfiya (de ACH, la cámara de compensación automatizada propiedad de los principales bancos colombianos) y Entrecuentas (de Redeban, un Sistema de Pagos de Bajo Valor -SPBV-  que además actúa como nodo dentro de Bre-B), como forma de forzar la interoperabilidad plena entre las instituciones financieras participantes (BIS.org, 2024). 

Esta interoperabilidad implica unos costos de operación y mantenimiento de la infraestructura tecnológica del sistema que deben ser asumidos, y que en un primer momento serán subsidiados por el banco central durante los 3 primeros años de operación y luego de octubre de 2028 ascenderán a COP 6.46 por transacción (menos de 0.01 USD). Esto plantea el interrogante de quien debe asumirlos posteriormente, considerando que persiste un reto a mediano plazo de impulsar casos de uso adicionales a las transferencias entre personas (P2P) y de personas a comercios (P2M), tal como se establece en la hoja de ruta de Bre-B. Esto se da en un contexto en el que Colombia es un país que aun prefiere utilizar el efectivo como medio de pago en las transacciones cotidianas, con un total del 77.8%, y un 87.5% en segmentos de menores ingresos. 

Por dentro y por fuera: oportunidades y retos a la vista 

Dentro de los principales retos que afronta Bre-B en el corto y mediano plazo se destacan el surgimiento de diversas modalidades de fraude a través del sistema como elemento interno, y las posibilidades de expansión del SPI hacia un esquema regional cross-border, como elemento externo.  

En cuanto al fraude, es claro que la implementación de este tipo de sistemas conlleva naturalmente a la existencia de este tipo de riesgos, en especial en un momento en el que el cambio tecnológico, encabezado por la revolución de la Inteligencia Artificial (IA), parece potenciar el alcance y la sofisticación del fraude en los SPI y en los Servicios Financieros Digitales (SFD), haciendo que los riesgos se materialicen en tiempo real. 

Bre-B se contempló con un robusto plan de prevención del fraude y de educación del usuario final, que vinculara a todos los actores, demostrando así el nivel de gobernanza del sistema. Desde ahí, las entidades participantes tienen un rol fundamental en la implementación de estándares de seguridad robustos, tanto en sus canales transaccionales como en sus sistemas back (procesamiento y compensación), para minimizar los riesgos de fraude y de ciberataques, aunque todavía persisten vacíos en cuanto a la reversión de operaciones fraudulentas o erróneas y su gestión inmediata, que todavía sigue recayendo en las entidades y suelen ser tratadas como una PQRS típica. Esto por ejemplo busca ser contrarrestado con medidas como los límites transaccionales, que se encuentra alrededor de los COP 12.1 MM (unos USD 3.100) diarios. 

Algunas de las modalidades de fraude que se observan con cautela corresponden principalmente a técnicas de phishing, que buscan el robo de credenciales de acceso a través de la imitación de la interfaz de Bre-B por medio de aplicaciones digitales fraudulentas, envío de links de acceso directo vía SMS o WhatsApp para confirmar transacciones, finalizar registros pendientes de llaves o atender mensajes push de alta presión (“Tu cuenta ha sido bloqueada” o “Tu llave va a caducar”), y de esta forma obtener las credenciales para ejecutar operaciones o transacciones no autorizadas o vaciar cuentas en segundos. 

Otras técnicas igual de avanzadas como la suplantación de códigos QR (quick response code) en comercios (quishing), el registro fraudulento de llaves o la creación de cuentas mula también han venido ganando terreno. Y yendo a otras geografías, recientemente, en Brasil, se ha detectado una modalidad que no escatima en desarrollos, en la que a través de un virus troyano se logran secuestrar transferencias en tiempo real a través de Pix, interceptando la clave del usuario y reemplazándola por otra generada por los delincuentes en el momento del pago, ya sea por acción humana o a través de un agente de IA, haciendo que el usuario vea una pantalla falsa, mientras que al mismo tiempo se transfiere el dinero a la cuenta de los delincuentes. 

Si bien esta serie de modalidades no son nuevas, es claro que, si ha aumentado su nivel de sofisticación gracias a herramientas tecnológicas como la IA y de manera emergente, los agentes de IA, que permiten una mayor eficacia en la aplicación de técnicas de ingeniería social, especialmente en personas que hasta ahora comienzan a digitalizarse. Y es esencial dimensionar este elemento, dado que según cifras de la Superintendencia Financiera de Colombia (SFC), a 2026, 83% de las operaciones financieras ejecutadas por usuarios se realizan a través de canales digitales, frente a un 40% en el 2010. 

Incluir sin excluir 

Este segmento emergente que apalanca la expansión de Bre-B es el más vulnerable ante esta realidad, la cual se debe afrontar de manera más contundente con campañas masivas de educación al usuario final, trabajo que se ha venido adelantando tanto desde el Banco de la República como de las entidades participantes y gremios del sector (Asobancaria y Colombia Fintech, principalmente), a través de campañas e instructivos de recomendaciones para el uso de Bre-B dentro de sus sistemas y aplicaciones (Banco de la República, 2025), apelando a la prudencia y a la responsabilidad individual. 

Complementariamente, el banco central realizó una actualización de la regulación sobre el sistema (Banco de la República, 2026), en el que si una entidad participante presenta algún tipo de incidente tecnológico que interrumpa transacciones o transferencias inmediatas, debe informar de manera inmediata a sus usuarios por medio de protocolos más estrictos y oportunos en cuanto a la claridad de la falla, lo que busca añadir más transparencia en su funcionamiento. En este sentido, la pregunta no es si el fraude masivo y sofisticado llegará o no a Bre-B, sino cuando. 

El punto central radica en cómo llevar adecuadamente la gestión de riesgos, no solo desde el banco central, sino desde todos los participantes del sistema, a la vez que se continúa promoviendo la confianza en Bre-B. Según Better Than Cash Alliance (2026), esta es necesaria para la materialización de los impactos positivos a mediano y largo plazo, como la reducción en el uso del efectivo; la mejora y adopción masiva de los SFD, manteniendo una experiencia de usuario fluida y libre de fricciones; el impulso a la formalización y a la trazabilidad de las actividades económicas de los micronegocios y personas independientes; y el impulso al desarrollo económico y a la competitividad del país. 

Mirando afuera: la expansión de Bre-B 

En el lado externo, Bre-B, al igual que otros SPI relevantes, y que fueron inspiración para el SPI colombiano, como los son Pix en Brasil y Unified Payments Interface (UPI) en India, tiene una oportunidad relevante de alinear esfuerzos en la expansión del sistema, inclusive a nivel regional, permitiendo conectar a varios de estos sistemas bajo un mismo paraguas. Acá, jugadores como las Fintechs pueden actuar como habilitadores claves para garantizar un flujo inmediato transfronterizo, que por supuesto, requiere de coordinación a nivel tecnológico, regulatorio y en especial, de modelos de negocio. De esta forma, los casos de uso prioritarios incluyen pagos y transferencias entre empresas, transferencias a través de monedas estables (Stablecoins) y remesas para el caso de individuos. De hecho, en algunos espacios, los responsables de pagos inmediatos de los bancos colombiano, brasilero y peruano han manifestado su interés en desarrollar interconexiones que habiliten la consolidación de una solución regional (Iupana, 2025). 

Inclusive, ACI Worldwide, el proveedor tecnológico para el funcionamiento de Bre-B, señala dentro de su hoja de ruta a corto y mediano plazo ampliar el sistema a la dimensión transfronteriza, particularmente enfocado en los corredores transaccionales Estados Unidos-América Latina, viendo la forma de que Bre-B pueda interconectarse con redes globales de pagos y transferencias en tiempo real para fomentar estos casos de uso. 

Conclusiones: de la inclusión financiera a la inclusión digital 

Bre-B ha marcado un hito fundamental en el desarrollo del ecosistema financiero digital colombiano, pero no por ello deja de estar marcado por retos de suma importancia, particularmente el desarrollo y profundización de casos de uso adicionales que realmente permitan dar un salto adelante en la profundización del uso de SFD y que realmente marque una pauta importante en ámbitos como la inclusión financiera, la reducción en el uso del efectivo y la formalización de la economía. Esto debe ir de la mano con un amplio esfuerzo en la prevención del fraude en el sistema, que por supuesto, avanza a un alto nivel de sofisticación en comparación con el avance y estándares tecnológicos de Bre-B, y que debe nutrirse de la experiencia vivida en ecosistemas de pagos inmediatos mucho más maduros y desarrollados. 

Adicionalmente, las ambiciones de expansión a nivel regional del sistema constituyen una hoja de ruta viable y prometedora, en especial cuando se habla de pagos y movimientos financieros transfronterizos de manera inmediata. Sin embargo, esto expone a Bre-B a retos que deben ser superados a través de la coordinación desde lo regulatorio, lo tecnológico y lo comercial. 

 

Por Santiago Emilio Mora Parada
Colaborador (Soluciones Digitales) en Accion
Antiguo alumno del Digital Frontiers Institute 

 

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